Papá cuervo - Ósmosis por Valeria Araujo

 No se si peco de arrogante, aclaro que son palabras de mi hija, por lo cual debido al amor filial me ponga en una posición muy privilegiada.

Sin embargo, creo que mi jovencita, no es mala escribiendo, aquí su regalo de cumpleaños, para mi, con su autorización y para cuando yo tenga malos días, aquí sus palabras escritas.

Ósmosis

A veces, por las noches, escucho un tecleo continuo; otras una muy suave guitarra. En alguna ocasión llegué a ver el pizarrón lleno de números la siguiente mañana. Para mí, todo eso es parte de quien es mi papá.

Siempre he pensado que su nombre, más que un sustantivo, podría ser un adjetivo. Como sucede con esos personajes tan particulares que terminan por convertirse en referencia, en definición de algo. “Araujo” como forma de ser o ver el mundo.

Recuerdo, por ejemplo, la primera vez que leí Sherlock Holmes, otro personaje adjetivo. Específicamente la escena en que Watson lo conoce, antes de ser compañeros de casa, cuando empieza a descubrir sus rarezas: un hombre brillante, peculiar, que tocaba música a altas horas de la noche y poseía conocimientos insólitos. Desde entonces le dije a mi mamá que mi papá era Sherlock Holmes.

Ella suele decir que yo soy muy “Araujo”, y no es la única. Muchas personas a mi alrededor me recuerdan que, al final del día, soy un pedacito de él. Incluso desconocidos se me han acercado para preguntarme si mi papá es Araujo; y todos, sin excepción, sonríen al escuchar que sí. Yo también sonrío.

Porque Miguel Araujo es una mezcla extraña, que, desde mi punto de vista, muy pocas personas logran. Él mismo bromea llamándose “el pirata cojo”, con mil vidas y profesiones. Es informático, profesor y matemático entre semana; artista, músico y escritor en otros momentos; un amigo bueno y admirado por muchos; y si lo encuentras temprano en la mañana o con sus amigos el jueves por la tarde, hasta atleta. Pero, sobre todo, Miguel Araujo es mi papá desde hace casi veinte años, y es un gran hombre.

Hay una canción que habla de cómo, para una artista joven, la única filosofía de vida que conocía era la manera en que su padre hacía de su vida un arte. Yo siento lo mismo. Aunque mi mamá ha sido una de mis mayores guías y apoyos, si algo tengo claro es que la gente tiene razón cuando me describen como Araujo. Porque aún en las diferencias, la esencia es la misma. Esa filosofía se hereda, se transmite casi por ósmosis.

Es por eso por lo que quise escribir unas palabras para dedicárselas en este día, después de haber recibido varías de su parte. Especialmente porque desde hace tiempo que escribe acerca de su vida para compartirla con nosotros. No siempre logro conectar con todo lo que escribe, sin embargo, para mi él siempre está presente. En mis letras y en mi historia, que, aunque el me haya conocido muchos capítulos después en la suya, la mía inicia con él.

Desde pequeña, con la música como puente, en mis primeros recuerdos aparece él con su guitarra, o con una canción en la radio, o simplemente animándome a cantar. Hace mucho tiempo, tanto que parece un sueño, mi papá cargaba con su estuche de guitarra y en su interior un pequeño pandero de juguete con el que jugaba a acompañarlo cuando cantaba en los coros de las iglesias Esa imagen sigue siendo la forma en que me siento junto a él cuando estamos cantando.

Ya cuando me convertí en adolescente comencé de manera independiente a explorar nuevos géneros musicales. Quería explorar más allá del pop o de lo que estaba de moda en esos momentos. Mi papá, que siempre me dejaba conectar mi música, pronto se dio cuenta que algo más se había heredado en silencio. Fue ahí donde cruzamos el puente. Su música era la mía, y ahora los pequeños traslados con recomendaciones y análisis de canciones, se habían vuelto una costumbre.

De la misma forma puedo ejemplificar los libros, la escritura, y -de manera inesperada- hasta la carrera. No sé si él lo perciba igual que yo. Creo que a veces le preocupaba mi tendencia a angustiarme, o que en ciertos aspectos era una niña un poco distinta. A veces siento que es verdad: que mi cabeza funciona de manera distinta a la de los demás. Quizá me equivoque, quizá él piense diferente, pero siempre he sentido que, incluso en las diferencias, él es quien más se parece a mí. Si alguien pudiera comprenderlo, sería él.

Mi papá, más allá de sus mil habilidades, intereses y curiosidades, tiene algo más grande, algo que espero en alguna parte de mi exista como herencia. Él es humano, la gente lo quiere y lo admira, no solo por todo lo que sabe y hace. La gente lo quiere porque es genuinamente bueno, no podría ni recordar la cantidad de gente que me ha expresado su cariño, admiración y hasta felicitaciones por simplemente ser su hija.

No quisiera que estas palabras parecieran halagos vacíos, o cegados por él cariño. Claro que es mi papá y existe un amor genuino, pero el realmente es una persona distinta, mi papá es talentoso e inteligente, del tipo de gente que destaca, pero más importante de eso, mi papá es una persona amada.

Feliz cumpleaños papá, te llevo en la sangre, en mi ser y en mi corazón.



Valeria Araujo.

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